El ser humano no siempre tuvo la misma concepción del tiempo. La sociedad actual se rige por un calendario gregoriano que trata de seguir el movimiento de la tierra alrededor del Sol en 365 días y cuadrarlo  en 12 meses irregulares. No siempre fue así. Los antiguos celtas y otras culturas como los Incas, los Mayas, los Hopis, Lakotas, algunas tribus africanas, incluso en la Polinesia se regían por unos calendarios que observaban los ciclos de la Tierra, de la Luna, del Sol y  la Galaxia. El ciclo más cercano al hombre es el de las fases de la Luna y aquellos Celtas fijaron un calendario de 13 lunas de 28 días cada una. Ese ciclo de 28 días es también el de las mareas, el de fecundidad de la mujer y se muestra en muchos signos humanos; es el calendario de unos pueblos  vinculados a la Madre Naturaleza, con un profundo sentido espiritual de la vida que consideran que tanto el ser humano como los animales, las plantas, las piedras, los mares y ríos, todo lo existente forma parte de una existencia que sigue la ley armónica y cíclica de la naturaleza.

Esto implica una concepción del tiempo en espiral, sin principio ni fin, sometido a ciclos, una idea del tiempo más femenina frente al masculino tiempo lineal que luego se impuso por el Imperio Romano y su calendario Solar. Entonces, el tiempo se convirtió en algo artificial y mecánico donde cada segundo corre en contra del individuo, desligado del ciclo de la Naturaleza donde ésta ya no es una madre sino un objeto a explotar. El resultado es la sociedad moderna, tan desligada del ciclo natural, que produce personas que se encuentran perdidas y estresadas, desconectadas del ritmo armónico del Universo. Desde luego, la vida era otra cosa cuando el hombre se levantaba con el Sol, se acostaba con la Luna, se recogía hacia su interior en Invierno, crecía con la Luz de la Primavera y recolectaba en Verano los frutos cultivados de su trabajo, celebrando que el Universo provee a todos sus seres conforme a una ley natural .

Era un tiempo más humano que se sometía al ritmo del Universo. Primero al de la Luna, pero también al del Sol, con sus solsticios y equinoccios en los que los antiguos pueblos celebraban sus principales fiestas. Anterior en el tiempo a las culturas celtas, son la construcción de Stonehenge y otros monumentos megalíticos, cuya finalidad empieza a estar clara: eran monumentos que plasmaban el movimiento de los astros y la Tierra, perfectamente alineados con la salida del Sol, marcando con precisión los solsticios, equinoccios y los movimientos lunares. Este conocimiento ancestral que era compartido por civilizaciones muy distantes entre sí es tan increíble para el ser humano moderno que no puede más que preguntarse cómo era posible y por qué hoy lo hemos perdido pasando a vivir tan desligados del ritmo natural, sagrado, que rige la vida de todos .

A mi entender, hay una prueba sorprendente de la vinculación del tiempo del hombre con el de la Galaxia, revelada por el profesor David Martín en su curso de la “Rueda Celta del año”: la bóveda celeste es aquello que creamos cuando miramos al cielo y nuestros ojos perciben información en un ángulo de 360 grados. La ciencia ha demostrado que esa bóveda celeste varía un grado cada 72 años, es decir, el cielo que hoy observamos no es el mismo que el que observaban nuestros tatarabuelos, pues las estrellas y planetas han variado su posición. Si multiplicamos ese ciclo de 72 años por 360 tendremos que cada 25.920 años la bóveda celeste cambiaría completamente, lo que podríamos equiparar a un año de la Galaxia. Por otro lado, sabemos que una persona respira una media de 18 veces por minuto lo que significa que al día realiza 25.920 respiraciones. Es la misma Ley la que rige nuestro Universo y la del ser humano, “como es arriba es abajo”, la Ley de Correspondencia en la que Hermes Trimegisto aseguraba que en cada hombre estaba la totalidad del Universo .

Vivamos en armonía con lo que nos rodea, sigamos el ritmo natural de las cosas, seamos un ser consciente de formar parte de un todo mucho más grande que sus pequeñas partículas, volvamos a la esencia ancestral del tiempo sagrado .